MÁS ALLÁ

Era una tarde asoleada y fría de Noviembre donde las hojas caían de los árboles con el fino soplido de viento que corría por la calle…Yo, contemplaba el movimiento disfrutando de un delicioso café.

Desde pequeño, había mantenido que la mejor época del año era el otoño. La mayoría de los chicos de mi edad, decían ¡Estás loco Aarón!  ¿Cómo que el otoño? ¡Sin duda, el verano es lo mejor!…Pero me desistía a explicarle mis razones. Nunca había sido una persona con poder de convicción y sería en vano todo lo que les expusiera.

Me quedaba horas apreciando el frío en la cara. Me hacía sentir vivo y, me obligaba a despertar de mi letargo. No precisaba de compañía más que del mp3 donde sonaba mi canción favorita, Sultans Of Swing. Alrededor, la gente vivía a un ritmo vertiginoso. Corriendo de un lado a otro. Sin pararse a observar las maravillas de la naturaleza.

Hace varios meses andaba ensimismado en mis pensamientos patidifusos. No me encontraba en mi mejor momento, los 28 se acercaban. Estaba perdido, con más de un cuarto de siglo y viviendo de recuerdos dañinos de aquella mujer de la que una vez estuve enamorado…

Mi padre decía que el primer amor te cambia la vida para siempre y, por mucho que te empeñes, el sentimiento nunca muere del todo. Y es verdad, aún sentía algo especial por ella. Algo tan extraño que ni yo mismo podría explicar…

Las campanadas del reloj de la plaza me hicieron volver a la realidad. Marcaba las nueve. Así que, me levanté de aquel banco y me dispuse a regresar a casa por las calles desérticas. Desde aquí podía oler las castañas asadas del puesto de la calle larga. ¡Qué gusto disfrutar de los pequeños placeres de la vida! Pensé.

Iba observando el final de la calle cuando de repente vislumbré algo misterioso a mi izquierda. Y prontamente, volví el rostro en dirección al escaparate, me acerqué al cristal que me separaba y puse la mirada fija en aquella figura. En ese instante, no pude evitar sentir en mi corazón una mezcla de calidez y extrañeza al admirar aquel maniquí.

más allá 1

Vestía un precioso vestido largo de color azul intenso que me encandiló. Luego, me fijé en su cara y me di cuenta que su rostro mostraba una tristeza que nunca había visto. Me giré y comprobé si las demás maniquíes mostraban la misma expresión. Pero, no. Era única. Ninguna de sus compañeras poseía ese semblante.

Tenía una mirada profunda, vacía sin color ni energía. Miraba al infinito. Los ojos parecían llorosos. Inesperadamente, los ojos cobraron vida. Se tornaron a un color verdoso. Volví a pestañear, por si el cansancio me hubiera jugado una mala pasada. Y cuando volví a abrir los ojos…allí estaba ella. Mirándome fijamente. Ahora con una mirada cargada de afecto, suave y de ternura. Casi pude percibir una leve sonrisa de su boca.

Atónito, regresé a casa cavilando en lo que había experimentado. ¿Qué era aquello? ¿Sería un nuevo tipo de modelo? ¿Estaría volviéndome loco? Un millón de preguntas navegaron por mi cabeza durante el resto del día. Intenté librarme a la mañana siguiente de esa imagen, pero fui incapaz. Así que decidí de una vez por todas, saber qué es lo que vi exactamente anoche porque me estaba trastocado.

Cuando acabé de trabajar me dispuse a acercarme a aquella tienda, sin embargo consideré que si estaba a la luz del día con la multitud no se mostraría como la noche anterior. Así pues, decidí ir a hacerle una visita pasadas las diez de la noche.

Llovía y…eso era un punto a mi favor. Puesto que la calle iba a estar desierta. La gente no salía por la noche un miércoles y menos si estaba cayendo la del pulpo. El tiempo me acompaña, me dije a mí mismo. Cerré de un golpe la puerta de casa y corrí hacia aquel local exigiendo una justificación. El corazón me latía a mil kilómetros por hora. Sudores fríos me recorrían la frente y, tenía un gran nudo en el estómago. Tras algunos minutos de inquietud me paré inmóvil delante del escaparate. La busqué con la mirada. No estaba. ¿Dónde estaba? No pude formular otra pregunta porque en ese momento se manifestó ella.

Me sonrió y se acercó al cristal. ¿Se había movido? ¡Se ha movido, Aarón! ¡Se ha movido! ¿Es un robot? ¿Cómo va a ser un robot, Aarón? ¡Estás majareta, por dios! Me estaba volviendo loco por segundos.

Estupefacto, me percaté de que sus ojos comenzaron a brillar y de que el vestido azul había desaparecido de su cuerpo para dejar paso a un estilo más formal. No era ella. O… ¿sí? Desde luego, no era aquella maniquí que había visto la noche anterior. Pero sus ojos me decían lo contrario.

más allá 2

Aquella joven era real, de carne y hueso como yo. No estaba alucinando. ¡No! ¡Menos mal…! ¿Qué cojones hacía ahí encerrada? La cabeza se me saturó de preguntas y yo decidí acabar con este suceso misterioso.

¿Qué haces ahí? Le grité. Mirarte, me contestó acompañada de una gran sonrisa. Como vio que me quedé anonadado tras su respuesta siguió hablándome. Gracias por volver, nadie me había mirado así. Tu mirada transmitía todo lo que callas. Quizás, anoche te parecía un maniquí. Inerte frente a ti. Pero no es así. Tengo sentimientos. Desgraciadamente, escucho muchas conversaciones a lo largo del día que me muestran cómo es el ser humano. Hace años que no veía este comportamiento.

¿Qué, qué tipo de comportamiento? Tartamudeé. Vivimos en una época que está obsesionada con el aspecto físico. Las personas se martirizan en los gimnasios y con las dietas para tener un cuerpo diez. Nos atiborran con anuncios de publicidad que nos muestran cuán de felices son con esa estilo de ropa y ese maquillaje pero… ¿Dónde queda nuestra personalidad? ¿Para qué estar guapos si de tanto cultivar el cuerpo se nos ha olvidado cultivar la mente?

Eso es cierto, objeté. Yo también ando asqueado de esta sociedad…pero dime, ¿qué haces ahí…? ¿Estás esperando a alguien? O… ¿te has quedado encerrada?

Te esperaba a ti. Pensaba que ya te habrías dado cuenta. Te hice una señal para ver si mi intuición aún seguía intacta. Entonces… ¿tú me hiciste aquella señal? Le consulté. Claro, afirmó rotundamente ella. Si no… ¿por qué te habrías girado hacia el escaparate? Me dio un vuelvo al corazón cuando te vi. Sé que no eres como los demás. Te fijas en los pequeños detalles…y no todo el mundo lo hace. Te paraste a ver qué era aquello y no todo el mundo se pregunta el porqué de las cosas que suceden. Tú en cambio, sí lo hiciste. Cuando me miraste anoche advertí algo que jamás había experimentado desde que decidí convertirme en un maniquí tras malas experiencias amorosas… Preferí transformarme en algo que no soy para poder ver si seguían existiendo personas que se fijasen en el interior…

más allá 3

Y desde el fondo de mí, irremediable salieron unas ganas de decirle que estaba de acuerdo en todo lo que había expuesto. Pero, me di cuenta que la única forma de conocerla sería si le hacía una pregunta clara y concisa. Por lo que me tiré al ruedo, como hacía años que no lo hacía. Esta vez, convencido de que la respuesta sería positiva. Y… ¿qué te parece si…comenzamos una bonita historia dando una vuelta?

 

Fdo. Hablando Balleno.

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