CONCIENCIEMOSNOS.

A las nueve de la noche todo estaba preparado para recibir a los invitados, incluida yo, con un vestido negro que no me ponía desde el pleistoceno y con mis zapatos preferidos… ¡Eran los primeros zapatos de tacón que me ponía en meses! Mis pies gritaban de dolor y mis piernas de júbilo al verse de repente, tan largas y estilizadas. Pero la ocasión lo merecía. Estaba radiante, transmitía felicidad por los cuatro costados y, lo más importante, estaba cargada de energías positivas para comenzar una nueva etapa.

Mientras me daba mi último retoque con el colorete, escuché el ding dong del timbre de la puerta. Me apresuré a abrirla más contenta que unas castañuelas. La primera en llegar fue María y para mi sorpresa, además de encontrarla despampanante venía acompañada por Antonio. No solían ir juntos a ningún sitio… ¡pero qué demonios! ¡Hoy era un día especial!

En ese momento, Javier se acercó a la pareja para saludarles. ¡Estás guapísima! Le dije entusiasmada. ¡Muchas gracias, cariño! ¡Tú también lo estás! Me echó una miradita cómplice y luego me guiñó el ojo como seña de aprobación. Pero pasad y coged una copa, en seguida llegarán los demás, les comenté.

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Diiing doooong! Llegó David con Julia con ganas de abrazarme y de ver cómo había quedado la casa. ¡Qué preciosidad! ¡Me encanta cómo ha quedado! Me alababan ambos. Y… ¡aún no habéis visto el resto! Esto es sólo el principio, amigos les dije encantada por sus palabras.

Media hora después, estaban todos. Familiares, amigos y vecinos disfrutando de la reforma de la casa, de cada rinconcito, de cada detalle que había colocado en la casa. Mis vecinas, ¡queridas vecinas!… me preguntaban incansablemente por cada nimiedad que descubrían. Encantada, se lo aclaraba todo con tranquilidad y con una sonrisa. Era normal…de un modo u otro. ¡A las vecinas siempre les gusta chismorrear! me dijo María que hizo que soltáramos una gran carcajada.

Javier me hizo una señal y me acerqué para saber qué quería. Al oído me susurró, cariño creo que deberías hacer un brindis. Sé que te da vergüenza, pero yo estaré a tu lado. Se lo debemos. Y me dio un beso en la mejilla que me hizo sentir la mujer más afortunada del mundo.

¡Un moomento de silencioo, por favor! Lucía quiere deciros algo, gritó Javier. Respiré hondo y agarré la mano de mi querido que me la apretó como muestra de “estoy contigo” y…allá voy, pensé.

En primer lugar, quería agradeceros que estéis aquí acompañándome en este día tan especial para mí. Siempre hemos querido dar un paso adelante en nuestras vidas, y con estos cambios lo hemos conseguido. Todo esto ha sido gracias a la inestimable ayuda de mis familiares y amigos que han confiado en mí. También he de deciros, vecinas mías que vosotras también habéis aportado vuestro pequeño granito en esta mejora, puesto que sin vuestros cotilleos…nada hubiese sido igual.  ¡Gracias, muchas gracias!

Bien sabéis que, durante mucho tiempo hemos sufrido golpes de la vida que nos han dejado sin nuestra mayor ilusión. Nunca hemos desistido de sentir esta maravillosa experiencia pero, a veces las fuerzas flaqueaban en nuestro proceso y ahí estabais vosotros, apoyándonos y animándonos con palabras para calmar nuestra rabia e impotencia.

Muchos, me habéis preguntado por qué no os he mostrado el cuarto del fondo pero, queridos…ese cuarto, es un lugar especial. Donde, en un futuro próximo, estará ocupado por nuestra hija, Marta.  ¡Sí, amigos! ¡¡Después de tanto…dentro de un par de dos días seremos padres!!

Marta - adopción

En ese instante todos gritaron y aplaudieron de júbilo al contar la buena nueva. Javi, me abrazó, me susurró el más bonito de los te quiero y me besó apasionadamente.  Y… tras años de intento, lo habíamos conseguido. Seríamos padres. Comenzábamos una nueva etapa de nuestra vida.

Me sentía en una nube, la persona más feliz del mundo. Tan sólo pensaba cuán de afortunada sería mi hija al llegar a casa. Estaría rodeada de personas que la adoran y que siempre estarán ahí para ayudarla. Dejando atrás, aquellos momentos en su corta vida de tristeza y de sufrimiento,  ya que sería adoptada por una familia que la esperaba con los brazos abiertos.

Desgraciadamente, a unos pocos de kilómetros había niños que les encantaría tener unos padres que los mimaran y les diera las buenas noches. No precisaban más. Y nosotros, a veces… nos preocupábamos más por tener una vida llena de riquezas sin darle importancia a lo más importante: el cariño, el amor… ¡Qué feliz sería el mundo si todos quisiéramos más al prójimo y dejáramos de centrarnos en nosotros mismos…!

 Fdo. Hablando Balleno.

 

 

 

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