DEJANDO LA COBARDÍA A UN LADO

19 de febrero de 2016, a las 9 p.m.

Me quedé preocupado tras tu llamada. ¿Qué quería decirme Valeria? Y es que, cuando te dicen tenemos que hablar un escalofrío nos recorre todo el cuerpo. ¿Vendrá a decirme todo aquello que espero? ¿Y si no es así? Deja de darle vueltas al coco, Adrián… porque te vas a volver loco.

Quedamos en ese sitio que me llevaste aquel frío día de noviembre. Aún recuerdo las palabras que me dijiste “Adoro venir aquí. Cierro los ojos y me siento libre. Me dan ganas de gritar y de volar con este viento”… ¡Qué recuerdos! ¡Eres un sensiblón, Adrián! me grité en silencio.

Y ahí estaba ella. Mirando al mar, de espaldas y pensando en qué se yo… Me acerqué a donde estaba y le puse la mano en el hombro diciéndole “¡Hola, Valeria!”. Se volvió y me respondió “Hola Adrián, te estaba esperando” con una medio sonrisa en su cara. ¿Sí? Repliqué no podía parar de mirarla…Iba espectacular con un vestido largo de color azul.

Se quedó parada un momento, como si tuviera una decisión ya premeditada, y tomó aire para soltar lo que me quería decir. Adrián, hace tiempo que quería decirte tantas cosas… Necesitamos dejar a un lado ser tú tan tú y yo tan yo… Dejar la cabezonería a un lado y ser sinceros el uno con el otro, eliminar los suspiros que guardan millones de sentimientos que no somos capaces de expresar con palabras…

Llevas razón, Valeria. ¡No!, escúchame Adrián. Es mi turno, quiero y necesito que me escuches atentamente. De acuerdo, exclamé con tono angustiado. ¿Qué querrá decirme? No paraba de preguntarme mientras ella, con una mezcla de sentimientos encontrados tomaba aire para decirle todo aquello que jamás me dijo y que, seguramente, siempre había querido contarme.

No es fácil, Adrián… No es fácil decirte que has sido una persona muy importante en mi vida. Hacías que desapareciera los problemas cuando estábamos juntos. Sonreía. Sonreía mucho. He sido feliz a tu lado. Pero ya no sé si es lo que quiero. Necesito alguien que sepa lo que quiere. Que me demuestre que está ahí. Apoyándome, contra vientos de trece años y mareas con olas de veinte metros. Sujetándome cuando caiga.

dejandolacobardiaaunlado

Lo has estado, no lo dudo. Pero no todo lo que me hubiese querido. Me he desencantado. Me da rabia pensar que todo era magnífico…pero ya no lo es. Esto no se puede arreglar con un simple “¿volvemos a intentarlo?” porque la confianza que tenía contigo se ha desvanecido…Se me encogió el corazón en ese instante. Un nudo se me instaló en la garganta y no me dejaba gesticular palabra. Los ojos vidriosos, asomaban mis lágrimas de dolor al escuchar las palabras de aquella mujer que tanto quería…

¿No me dices nada? ¿No te importa? Necesito que reacciones… Replicaba ella. En cambio yo no podía creerme todo aquello que estaba escuchando. Pensaba que todo iba bien, que por muy remota que pareciese, que ella también quería intentar algo más… ¿Qué había pasado entre ellos? ¿Tenía estropeado eso que llaman feeling?

Mientras él reflexionaba, Valeria se quedó pasmada ahí delante de él. Como si esperase que Adrián se cabrease y le dijese lo que siempre había querido escuchar cuando las cosas empezaban a ponerse mal. Pero pasaban los segundos y no se inmutaba. Él callado y perplejo miraba al suelo esperando encontrar una respuesta a todo aquello. Pero se olvidó que las piedras no hablan y de que tenía que dejar de ser un cobarde y correr hacia otro lado… Mira Adrián, creo que lo mejor será que nos demos un tiempo. Necesito estar sola y pensar. Pensar en nosotros

Tal como lo dijo, se dio la vuelta y desapareció. No pude ni despedirme de ella. Era estúpido. ¿Por qué no le había dicho que sí que me importaba? Me importaba ella. Me importaba lo nuestro. Me importaba que me dejara allí tirado. Me importaba que se quisiera tomar un tiempo porque yo ya lo tenía muy claro. Que la quería con toda mi alma y que no había encontrado a nadie tan maravillosa como lo era ella.

No hay ser humano, por cobarde que sea, que no pueda convertirse en héroe por amor.

Platón

¿Por qué se acabó? Soy un cobarde. Un maldito cobarde. No le he dado el sitio que merecía. Ella merecía mucho más. No la he sabido tratar como se merece. Siempre echando pestes de todo y ella estando ahí a pesar de todo. Lógico que se canse. Yo ya me hubiera cansado de mí hace mucho. Soy un tremendo imbécil. ¿Cómo lo arreglo? ¡Me encanta, joder! ¡Y la voy a perder por mi comportamiento indolente!

Golpeé la rueda del coche como si todo se solucionase con ello. Y resoplé. Resoplé unas diez veces más para poder calmar mis nervios. Me tiré en mitad del césped de la casa mirando el cielo estrellado. Me paré a vislumbrar aquella maravilla. Encontré a Lucerito. Aquella estrella protagonista de todos los cuentos que me contaba mi madre cuando era crío… Cómo la echo de menos… Seguro que si estuviera aquí me habría echado un rapapolvo y me hubiera dicho lo estúpido que había sido al no luchar por Valeria. Que si de verdad la quería tenía que demostrárselo, no con palabras sino con hechos…porque la gente se cansa de esperar, de dar y no recibir todo lo que necesita… Y que, Valeria era fantástica como para perderla…

Tanto maltrataron su sonrisa que hoy hasta los golpes de suerte le duelen.

T. Vela

Sin embargo, yo seguía siendo un tremendo imbécil y no era capaz de luchar como los guerreros de antaño y no era capaz de ver todo aquello que me decía ella. Lo mejor era dejarlo estar y que rehiciéramos nuestras vidas. Yo solo quería que ella fuese feliz y por nada del mundo quería hacerle más daño de lo que le estaba causando. Me conformaré con verla a distancia y ojalá algún día el tiempo me dé la oportunidad de enmendar los errores del pasado

 

Fdo. Hablando Balleno.

 

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